El cáncer de piel constituye una causa frecuente de consulta, y uno de los más temidos es el melanoma maligno. Este es un tumor originado en los melanocitos, que son las células que producen el color de nuestra piel, y puede confundirse con un lunar. Por esto, quiero enseñarte a revisar, contar y hacerte consciente de tus lesiones pigmentadas para poder detectar con más facilidad cualquier lesión sospechosa.
Aquí te dejo tres pasos simples para que juntos cuidemos la salud de tu piel:
- Busca el “patito feo”: Sí, así como lo oyes. Al pararte frente a un espejo, busca el lunar que no se parezca a los demás, que te haga pensar que es diferente o que nunca habías visto. Localízalo, tómale una fotografía para que sepamos su ubicación y pide una consulta para poder revisarlo con nuestro microscopio y saber si requiere complemento de exámenes como biopsia de piel.
- Identifica lunares nuevos: El lunar que debes tratar de encontrar es el lunar nuevo que nunca habías visto antes. La mayoría de los lunares con cambios o melanomas aparecen como una lesión nueva. Por eso es importante que te conozcas, que evalúes tu piel sin ropa frente al espejo, por delante y por detrás. De esta manera, conoces tus lunares y puedes más fácilmente identificar una lesión nueva.
- Revisa zonas íntimas y extremidades: Nunca olvides revisar tus zonas íntimas, las palmas de tus manos y las plantas de tus pies. Tener lunares en estas zonas no significa que sean malignos, pero sí es importante hacerles seguimiento en consulta.
El consultorio es el mejor lugar para complementar el examen de tus lunares con microscopio. Consulta, como mínimo, una vez al año para evaluar todas tus lesiones pigmentadas. El diagnóstico a tiempo es salvador.




